lunes, 27 de abril de 2015

Dos

       Era imposible. Esa mujer estaba loca, o demasiado vieja, que eran una suerte de sinónimos. ¿Cómo no iba a vivir nadie allí? Si él mismo había entrado hace algunos días. Quizás más. Le agradeció con la cabeza y esperó a que ingrese en su vivienda, para seguir intentando con el timbre. Le pasaba algo extraño con los ancianos, con la gente entrada en años: una parte de él los admiraba. Tantos años de vida debían otorgarles una sabiduría, proveniente de la experiencia, que los jóvenes no tenían. Diego no era tan joven, tenía 35 años, pero su comportamiento no encajaba con su edad. Volviendo al tema anterior, una parte de él los admiraba, pero otra parte les temía: eran personas que, dentro de algunos años, se encontrarían con la muerte. Eran un nexo entre la vida y aquello que hacía de cuenta que nunca conocería.
       Seguir intentando con el timbre terminó siendo un esfuerzo en vano. ¿Dónde estaba Sol?
        La puerta era una puerta común, bordó, un poco venida a menos, que conducía a un pasillo. Ese pasillo llevaba hacia la casa de Sol. Miró hacia ambos lados de la calle y tomó el picaporte, con cautela, intentando abrir la puerta. Estaba cerrada con llave. Miró su mano derecha y ésta estaba manchada con óxido, como si la puerta no hubiese sido usada por un tiempo.
       Su mirada se dirigió hacia el cielo, intentando buscar una respuesta dibujada entre las estrellas.
       Tenía que aparecer. Había depositado toda su confianza en ella, incluso una porción de su vida, de su alma, y ella había decidido ausentarse. No sabía si asumir la traición, la desaparición, el engaño, o esperar. Quizás había tenido un accidente en el trayecto hacia la plaza, o ni siquiera algo tan trágico, tal vez había tenido un inconveniente y no tuvo tiempo para comunicarse. Quizás se había dejado estar con el mantenimiento de la casa, o directamente no le daba importancia, y por eso la puerta estaba como estaba. Diego era bastante colgado (él mismo se definía con esa palabra) y, tranquilamente, cuando entró al lugar hace algunos días, pudo haber pasado por alto el estado de la puerta.
       Decidió esperar. Caminó hasta su casa. Un mes después, Sol seguía desaparecida.

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